Por Sofía Jiménez Situado entre calles poco transitadas se encontraba este café que de un momento a otro abrió sus puertas para un tipo de gente. Debido a que el sector era poco comercial, éramos pocos los que lo conocimos. Entrar en él siempre fue un momento especial pues era como otro mundo lleno de otros mundos. Cálido por la máquina de expresos que funcionaba sin descanso y acogedor: tal vez por el calor, tal vez por la gente. Nunca pude saberlo. Desde el momento en que mis ojos miraron desde afuera, lo poco que se podía ver mientras ibas caminando, la barra rodeada de algunas bancas rústicas, la persona tranquila, sonriente y concentrada tras el mostrador preparando la aromática bebida, y al otro lado ese ser inquieto y expectante ante el expreso que estaban a punto de servirle, ese mismo que tantas otras veces me trajo el alma de vuelta, no pude evitar entrar. Con su puerta siempre oculta y sin embargo, oculta tras un biombo de estera un poco ga...
Blog del Taller de Ensayos Breves y Crónicas Literarias de la Universidad Nacional de La Plata